LITURGIA DE LA MISA
La liturgia de la Eucaristía-Misa-Cena del Señor, Memorial de la Pascua, Sacrificio de la Nueva Alianza
explicada parte por parte.

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ESTRUCTURA DE LA SANTA MISA.


III. LA LITURGIA DE LA EUCARISTÍA O DEL SACRIFICIO



OFERTORIO o preparación de los dones  

La celebración está centrada en el altar. A él se llevan el pan y el vino, y quizá también otros dones. En el pan y el vino, que se han de convertir en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, va actualizarse a un tiempo la Cena última y la Cruz del Calvario.
"Es conveniente que la participación de los fieles se manifieste en la presentación del pan y del vino para la celebración de la eucaristía, o de dones con los que se ayude a las necesidades de la Iglesia o de los pobres" (OGMR 101). Es éste, pues, el momento más propio, y más tradicional, para realizar la colecta entre los fieles.
Después de las oraciones de presentación y bendición del pan y del vino, el sacerdote ora pidiendo la aceptación agradable de la acción sacrificial de la comunidad. Seguidamente se inciensan las ofrendas, altar, celebrante y pueblo. En seguida, el sacerdote lava sus manos, procurando así su "purificación interior" (OGMR 52), y vuelto al centro del altar solicita la súplica de todos a Dios para que "El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia" (OGMR 107).
El ofertorio concluye con la oración sacerdotal sobre las ofrendas
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PLEGARIA EUCARíSTICA  
  1. Introducción.
  2. Prefacio.
  3. Sanctus.
  4. Invocación al Espíritu Santo (1ª).
  5. Relato y consagración.
  6. Memorial y ofrenda.
  7. Invocación al Espíritu Santo (2ª).
  8. Intercesiones. Misas por los difuntos.
  9. Doxología final.
 
1. Introducción.
El centro y culmen de la celebración se da en la plegaria eucarística (el canon o anáfora).
"El sacerdote invita al pueblo a elevar el corazón hacia Dios en oración y acción de gracias, y se le asocia en la oración, que él dirige, en nombre de toda la comunidad, por Jesucristo, a Dios Padre. El sentido de esta oración es que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de la grandeza de Dios y en la ofrenda del sacrificio" (OGMR 54).
Recordando los gestos y palabras de la Cena, Cristo y la Iglesia realizan ahora el memorial que actualiza el misterio de la Cruz y de la Resurrección (Misterio Pascual) realizando una de las diversas plegarias que siempre la acción de gracias, varias aclamaciones, la epíclesis o invocación del Espíritu Santo, la narración de la institución y la consagración, la anámnesis o memorial, la oblación de la víctima, las intercesiones varias y la suprema doxología final trinitaria (OGMR 55).
En 1974 aprobó la Iglesia la plegaria eucarística preparada con ocasión del Sínodo de Suiza, adoptada posteriormente por varias Conferencias Episcopales, entre ellas la de España (1985). En lenguaje moderno, y con la estructura de la tradición romana, la plegaria, que tiene cuatro variantes, contempla sobre todo al Señor que camina con su Iglesia peregrina.
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2. Prefacio.
La plegaria comienza con el prefacio en el que el sacerdote, en nombre de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de salvación o por alguno de sus aspectos particulares, según las variantes [hay casi un centenar de prefacios diversos] del día, fiesta o tiempo litúrgico" (OGMR 55a). El prefacio comienza con un diálogo que vincula al pueblo con la oración del sacerdote y levanta el corazón a Dios. Seguidamente se proclaman los motivos fundamentales de la acción de gracias, que giran siempre en torno a la creación y la redención.
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3. Sanctus.
Y finalmente el Sanctus (propiamente para ser cantado) -tres veces santo-, por el que los cristianos participamos en el llamado cántico de los ángeles (Santo es el nombre mismo de Dios) dirigiéndonos a Cristo entra a actualizar su Pasión, las mismas aclamaciones que el pueblo judío le dirigió en Jerusalén, cuando entraba en la Ciudad sagrada para ofrecer el sacrificio de la Nueva Alianza. Hosanna, "sálvanos" (hôsîana, +Sal 117,25); bendito el que viene en el nombre del Señor (Mc 11,9-10).
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4. Invocación al Espiritu Santo (1ª).
Seguidamente con la epíclesis o invocación al Espíritu Santo el sacerdote, con la imposición de manos sobre las ofrendas, pide que el Espíritu Santo descienda sobre las ofrendas convirtiéndolas en cuerpo y sangre del mismo Cristo (+Heb 9,14; Rm 8,11; 15,16); y que se realice la Iglesia (Cuerpo de Cristo). Es Cristo en la eucaristía el que une a todos los fieles en un solo corazón y una sola alma (Hch 4,32), formando la Iglesia.
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5. Relato y consagración.
Seguidamente en el Memorial de la Cena del Señor y su pasión redentora el sacerdote (el mismo Cristo) "con las palabras y gestos de Cristo, se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última cena, cuando bajo las especies del pan y vino ofreció su cuerpo y sangre, y se lo dio a sus apóstoles en forma de comida y bebida, y les encargó perpetuar ese mismo misterio" (OGMR 55d). Sacrificio de Cristo que se actualiza, se hace presente hoy en el Mysterium fidei, en la fe de la Iglesia que aclamamos como "Éste es el sacramento de nuestra fe".
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6. Memorial y ofrenda.
Después del relato-consagración, viene el memorial (anámnesis) y la ofrenda, que van significativamente unidos en las cinco plegarias eucarísticas principales. Memorial (anámnesis), "haced esto en memoria mía" del Señor en la última Cena. No se repite el sacrificio de Cristo "la obra de nuestra redención se efectúa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual "Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado" (1Cor 5,7)" (LG 3). Cristo "quiso que nosotros fuésemos un sacrificio -dice San Agustín-; por lo tanto, toda la Ciudad redimida, es decir, la sociedad de los santos, es ofrecida a Dios como sacrificio universal por el Gran Sacerdote, que se ofreció por nosotros en la pasión para que fuésemos cuerpo de tan gran cabeza… Así es, pues, el sacrificio de los cristianos, donde todos se hacen un solo cuerpo de Cristo. Así pues, la ofrenda eucarística es hecha juntamente por el sacerdote y el pueblo, y no por el sacerdote solo: "Te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza" (I); "te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo" (III; +II y IV).
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7. Invocación al Espiritu Santo (2ª).
La eucaristía, que es el mismo sacrificio de la cruz, tiene con él una diferencia fundamental. Si en la cruz Cristo se ofreció al Padre él solo, en el altar litúrgico se ofrece ahora con su Cuerpo místico, la Iglesia. Por eso las plegarias eucarísticas piden tres cosas: -que Dios acepte el sacrificio que le ofrecemos hoy; -que por él seamos congregados en la unidad de la Iglesia; -y que así vengamos a ser víctimas ofrecidas con Cristo al Padre, por obra del Espíritu Santo, cuya acción aquí se implora.
La verdadera participación en el sacrificio de la Nueva Alianza implica, pues, decisivamente esta ofrenda victimal de los fieles.
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8. Intercesiones. Misas por los Difuntos.
La caridad cristiana, si ha de ser católica, ha de ser universal, ha de interesarse, pues, por los vivos y por los difuntos, no sólo por los vivos. La Iglesia, nuestra Madre, que nos hace recordar diariamente a los difuntos, al menos, en la misa y en la última de las preces de vísperas, nos recomienda ofrecer misas en sufragio de nuestros hermanos difuntos. Es una gran obra de caridad hacia ellos, como lo enseña el Catecismo.
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9. Doxología final
La gran plegaria eucarística llega a su fin, culmina ahora solemnemente con la doxología final trinitaria, realizada por el sacerdote, con la que eleva y alaba a Dios. Y el pueblo hace suya la plegaria eucarística, y completa la gran doxología trinitaria diciendo: Amén. Es el Amén más solemne de la misa.
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RITO DE LA COMUNIÓN  
  1. Padre nuestro.
  2. La Paz.
  3. Fracción del Pan.
  4. Cordero de Dios.
  5. Comunión.
  6. Oración de postcomunión.
 
1. Padre nuestro
El Padrenuestro es la más grande oración cristiana, la más grata al Padre y la que mejor expresa lo que el Espíritu Santo ora en nosotros (SER HIJOS DE DIOS, FRATERNIDAD, COMUNIÓN), pues es la oración que nos enseñó Jesús (Mt 5,23-24; Lc 11,2-4). Con la oración del Padrenuestro se reitera el prefacio y prepara a la comunión eucarística.
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2. La paz
Sabemos que Cristo resucitado, cuando se aparecía a los apóstoles, les saludaba dándoles la paz: "La paz con vosotros" (Jn 20,19.26). En realidad, la herencia que el Señor deja en la última Cena a sus discípulos es precisamente la paz: "La paz os dejo, mi paz os doy; pero no como la da el mundo" (14,27). Jesús es el único que puede darnos la paz verdadera, la que es "fruto del espíritu" (Gál 5,22) y de la justificación por gracia (+Rm 5,1). El rito de la paz, previo a la comunión, es, pues, un gran momento de la eucaristía. El sacerdote después de la oración, representando al mismo Cristo resucitado, dice a los cristianos reunidos en la misa: "La paz del Señor esté siempre con vosotros". Y como no podemos unirnos a Cristo si permanecemos separados de nuestros hermanos, añade en seguida: "Daos fraternalmente la paz". De este modo, la asidua participación en la eucaristía va haciendo de los cristianos hombres de paz, pues en la misa reciben una y otra vez la paz de Cristo, y por eso mismo son cada vez más capaces de comunicar a los hermanos la paz que de Dios han recibido.
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3. La fracción del pan
Partir el pan en la mesa era un gesto tradicional que correspondía al padre de familia. Es un gesto propio de Cristo, y lo realiza varias veces estando con sus discípulos -al multiplicar los panes, en la Cena última, con los de Emaús, ya resucitado (Jn 6,11; Lc 24,30; 1Cor 11,23-24; Jn 21,13)-: tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dió a los discípulos. Por eso, la antigüedad cristiana, viendo en esta acción un símbolo profundo, dio a veces a toda la eucaristía el nombre de "fracción del pan". Y la liturgia ha conservado siempre este rito, durante el cual el sacerdote parte el pan consagrado, y antes de dejar caer en el cáliz una partícula de él, dice: "El cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna".
En todo caso, la significación más antigua de esta acción litúrgica está vinculada a aquellas palabras de San Pablo: "Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan" (1Cor 10,17; +OGMR 56c). Es la común-comunión eucarística en el Pan partido lo que hace de nosotros un solo Cuerpo, el de Cristo, la Iglesia. Los que participamos de un mismo altar, somos uno solo, pues comemos y vivimos de un mismo Pan, y "hemos bebido del mismo Espíritu" (1Cor 12,13).
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4. Cordero de Dios
Después de recitar el Cordero el sacerdote, mostrando la hostia consagrada, dice aquello de Juan el Bautizador: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29). "Dichosos los invitados a la cena del Señor". A ello responde el pueblo, recordando con toda oportunidad las palabras del centurión romano, que maravillaron a Cristo por su humilde y atrevida confianza: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme" (+Mt 8,8-10). Seguidamente se distribuye la comunión: "El Cuerpo de Cristo". "Amén". Sí, así es realmente.
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5. La comunión
La comunión sacramental es el encuentro espiritual más amoroso y profundo con Cristo y la participación en la pasión y resurrección de Cristo, reafirmando la Alianza de amor y mutua fidelidad que les une a los hombres con Dios.


Disposiciones exteriores para la comunión

-El ayuno eucarístico exige hoy "abstenerse de tomar cualquier alimento y bebida al menos desde una hora antes de la sagrada comunión, a excepción sólo del agua y de las medicinas" (Código 919,1). "Las personas de edad avanzada o enfermas, y asimismo quienes las cuidan, pueden recibir la santísima Eucaristía aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior." (CIC 919 #3)
El ayuno tiene sentido como expresión del dominio de sí con la colaboración de la voluntad que lleva a purificar la mente y el corazón. San Atanasio dice: "¿Quieres saber cuáles son los efectos del ayuno?... expulsa los demonios y libra de los malos pensamientos, alegra la mente y purifica el corazón".
-La Iglesia permite comulgar dos veces el mismo día, siempre que se participe en ambas misas (ib. 917).
-"La comunión tiene una expresión más plena, por razón del signo, cuando se hace bajo las dos especies" (OGMR 240). La Iglesia en Occidente, sólo por razones prácticas, reduce este uso a ocasiones señaladas (Eucharisticum mysterium 32), mientras que en Oriente es la forma habitual.
-Cuando se comulga dentro de la misa, y además con hostias consagradas en la misma misa, se expresa con mayor claridad que la comunión hace participar en el sacrificio mismo de Jesucristo (+Catecismo 1388).
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6. La oración después de la comunión
"Cuando se ha terminado de distribuir la comunión, el sacerdote y los fieles, si se juzga oportuno, pueden orar un rato recogidos. O si se prefiere, puede también cantar toda la asamblea un himno, un salmo o algún otro canto de alabanza" (OGMR 56j).

Y finalmente el sacerdote ruega para que todos obtengan los frutos del misterio celebrado.

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